Comerciales, esas personas extrañas en su propia empresa.

Cuenta la leyenda que en las empresas, aparece ocasionalmente una persona que interacciona con diversos departamentos con resultados divers...

martes, 19 de enero de 2016

No hay cliente pequeño.

En los últimos 10 años, Vicente Javier (nombre inventado para proteger al inocente), me ha llamado ocasionalmente para hacerme algún pedido. Normalmente poca cosa, ya que no es un contacto que podría clasificar de potencial gran consumo. En estos últimos años, ha trabajado en varias empresas, unas mas grandes y otras mas pequeñas.

El volumen de compra en esto últimos 10 años ha sido, digamos, poco significativo, ¿cinco?, ¿seis pedidos?, casi todos ellos de escaso valor económico y espaciado en el tiempo. 

A Vicente Javier siempre lo he tratado bien, es un cliente del tipo "apóstol”  siempre usa mi marca, la defiende en sus clientes, siempre le he dado un precio de “gran cliente” y en ocasiones he tenido que defender la aparente contradicción entre el trato, el tiempo que le dedico y el beneficio.

Vicente Javier fue despedido de su ultimo empleo hace un par de años y no sabía nada de el, pero hace unos meses recibí una llamada de una empresa, la cual no conocía, dicha empresa en cuestion me pidió oferta de varios productos, negociamos, y le vendí una vez, y otra y otra. No es que fueran ventas de locura, pero era un cliente, que compra, paga y empieza a tener una regularidad.

Ayer pasé a ver a dicho cliente, estaba satisfecho con mi producto, estaba contento con el trato, por supuesto quería comprar mas barato y manifestó quejas varias previas a compartir un café con leche. Durante el café le pregunte: Antonio ¿por qué me compras?, te quejas que tu anterior proveedor es mas económico que yo, y para lo que tu haces es un producto válido. La respuesta fue fantástica, resulta que mi cliente fabrica para un tercero, que tiene desde hace un tiempo un responsable que exige que el producto sea de mi marca, ¿Quien es ese responsable?, pregunté y la respuesta llegó la solución al enigma… “un tal Vicente Javier” creo que te conoce.

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