Comerciales, esas personas extrañas en su propia empresa.

Cuenta la leyenda que en las empresas, aparece ocasionalmente una persona que interacciona con diversos departamentos con resultados divers...

jueves, 31 de julio de 2008

El cliente emperador.

El cliente emperador es el que piensa -y ademas actua en consecuencia- que los comerciales y por extensión, las empresas a las que representamos, debemos estar eternamente agradecidos por la magnificencia, benevolencia, esplendidez, generosidad, munificencia de comprarnos. Se comporta como si fuéramos los súbditos de un reino y por lo tanto les debemos la pleitesía, acatamiento, sumisión, obediencia, reverencia dignas del soberano del Preste Juan de las Indias.

No entiende que planteemos una subida de precios, ¡como va a hacerlo! Su pensamiento es ¡¡Como se atreve este vil vasallo a quien puedo prohibirle la entrada a mi Reino (empresa) y despojarle de su ciudadanía (dejarnos de comprar) a plantearme un cambio en mi bien estudiado Reino!!. Y no solo plantear una subida de precios, no admite nada su respuesta siempre hay “o haces lo que yo digo o recurro a otro vasallo” (Lease: a nuestra competencia)

Es un tipo de cliente al que no hay que hacerle el juego. Debemos siempre esperar a que sea el quien diga lo que quiere y como lo quiere, no tomemos la delantera en ofertar, en proponer, por que le estamos dando armas a su forma de trabajar. Tenemos que buscar la forma de que el cliente emperador diga que, cuanto, como y a que precio quiere los productos, nosotros nos limitaremos a aceptar el pedido o declinarlo.

Nuestra posición debe ser de hombres libres y no de súbditos, darle a entender cuando no dejarle por sentado que nuestra pleitesía se debe a la empresa que nos paga, no aceptemos su juego.

El cliente emperador, ademas es egoísta y poco cumplidor, es el típico que te cita y cuando llegas “le ha salido un compromiso”, “ha salido” y ademas, nos llama se excusa (no se disculpa) y nos da otra cita que tiene que ser “ineludiblemente” una fecha y hora concreta, dándole igual nuestra agenda.

Este tipo de cliente se le para muy bien los pies, dado que tiene bastante morro, usando constantemente el mail o fax para contestarle a sus peticiones de ofertas o dudas.